brad-mehldau

-Llevo toda la mañana escuchando a Chet Baker, Coleman Hawkins, Snarky Puppy, Michel Petrucciani… buscando una canción para celebrar este año el día internacional del jazz. Como si Facebook fuera un ritual tan importante y no lo hubiera celebrado ya disfrutándolo en mi soledad.

Hace veinte años mi hermano Javi volvió de Suiza con una mochila llena de CDs de jazz, los tiró sobre la cama y con su característico entusiasmo contenido, me hizo una exposición caótica y emotiva, dedicando no más de tres segundos a cada uno, como un niño enseñando torpe sus juguetes, hasta que cogió uno de la forma que sujetas un tesoro.-

JAVI: Raúl. No has escuchado nada igual en tu vida. Esto es increíble. Es otra cosa. Escúchalo, pero escúchalo atentamente. No te lo pongas de fondo para hacer otra cosa.

-Sin querer, mi hermano me dio una de las claves más importantes para escuchar y entender la música: escucharla, no sólo con las orejas. Era un CD pirata sin una lista de canciones donde sólo ponía “Brad Mehldau – The Art of the Trio” con rotulador negro. Me encerré con él y escuché la delicadeza de ese pianista que parecía trascender la música convirtiéndola en imágenes, en lamentos, sonrisas. Los acordes en colores mezclados, las melodías en caminitos que no sabes dónde acaban, con una intriga disonante y masoquista que duele y da placer. Que me hizo llorar, en esa época en la que estaba mal que los chicos lloraran.

Este año le elijo a él. A mi hermano, digo.-

Beatmac

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